lunes, agosto 15, 2005

Tanti cumpleaños for voce…


Recuerdo cuando en los últimos días de 1999, mientras en algunos países se planeaban defensas informáticas para un virus que nunca apareció, hacer que la torre Eiffel parezca flotar, que en Sydney parezca de día de tantos chasquibum y algún que otro suicidio masivo, nosotros en Argentina, y por medio de las radios poperas, nos prestábamos a la subestimada tarea de elegir la canción del milenio.
Quizás al resto de los 6.000 millones de habitantes del planeta Tierra les resultó un poco soberbio de nuestra parte que decidamos por ellos, pero de todos modos los argentinos seguimos adelante con los comicios, sin ONU ni OTAN ni UNICEF de por medio… y así nos fue.
En las últimas horas del año que se iba parecíamos no haber defraudado a nuestros cohabitantes de mundo y se perfilaba “Imagine” de John Lennon como LA canción de los últimos 1.000 años. Lamentablemente su principal competidora tiraba por la borda el buen oído que parecíamos tener aquí en el sur. El “¡Feliz cumpleaños!” iba tet-a-tet con el ex Beatle; mientras Beethoven, Bob Dylan, Elvis Presley y Mozart se revolcaban en la tumba.
Como era de esperar fallamos en la misión que nos habíamos autoencomendado y –si, señores- terminamos eligiendo la melodía que suena como El Payaso Plin Plin (que seguramente también hubiéramos sido capaces de votar).
Y así fue que el Happy Birthday resultó ser el primer tema que mis tímpanos tuvieron que soportar el primer día del milenio… y en su versión en inglés, y en italiano, y en portugués, y en tailandés, y en Ku, y en cualquier que los oyentes de la radio osaban llevar a los estudios.

El mundo está poblado por personas tan diferentes que hasta la forma de comer un Bon o Bon puede ser material para un conflicto bélico, pero la canción en cuestión demuestra un hecho que, nunca mejor usado el término, es mundial: Todas las personas deben pasarlo bien en su cumpleaños. Cuanta presión se pone entonces en el cumpleañero, que si su día no es el mejor de su vida peligra de quedar fuera de nuestra especie porque… ¡Sólo un animal podría pasarlo mal el día de su cumpleaños! Si nos ponemos a analizar esta particularidad, podemos ver que en realidad el natalicio está destinado al fracaso. Está casi científicamente demostrado que el neonato llora una vez salido de las entrañas de su madre porque se la ve venir. Incluso con segundos de vida prevé que en ese instante comienza la cuenta regresiva para su primer torta, con una vela que no podrá soplar y que comerá gente que no conoce, en una fiesta donde todo lo asusta, en la que pasará de mano en mano cual mate, donde todos la pasarán mejor que él y en la que le sacarán tantas fotos como segundos dure la fiesta (En las cuales aparecerá llorando como un marrano en un 90%
Lo único positivo de ese día será que no se acordará de nada…
La cosa no mejora con el tiempo. Hay infancias que se ven arruinadas por cumpleaños que se dan en la temporada estival, donde todos los invitados potenciales están en cualquier lugar menos en donde está el cumpleañero (Que termina cantándose a sí mismo el bendito Feliz Cumpleaños, y se aplaude y se tira la oreja); o en la primera parte del otoño, donde no importa lo brillante que esté el sol, basta con que Febo se percate de que los papis están sacando la mesa con el jugo aguado, el mantel de plástico con payasos y los vasos con dibujitos para que el día se haga de noche y, lo que estaba previsto ser un bello cumpleaños al aire libre con juegos de pelota y sonrisas, termina siendo el peor castigo que se le puede dar a un comedor.
A pesar de los golpes de la vida uno llega a los 14 o 15, créase o no, con esperanza, y sigue planeando su día con el mismo ahínco que aquellos primeros de magos y payasos. Y es así que se van suscitando diferentes situaciones durante la adolescencia que ayudan a que uno se le vaya pasando esa manía de la fiestita:
La ausencia total de invitados a la que iba a ser LA fiesta, la aparición de un individuo que tiene mucha más facha que vos que sos el cumpleañero, la clausura del lugar donde lo ibas a festejar, tu amigo que se emborracha y hay que cuidarlo, alguien que se le da por morirse el mismo día de la pachanga, la llegada de extraterrestres al planeta, un bombardeo de la República de Moldavia a tu barrio, el fin del mundo, etc. Cualquier cosa es posible a la hora de arruinar un cumpleaños, pero si la responsabilidad del total fracaso de un festejo recae en alguien, ese alguien termina siendo el propio cumpleañero.
La mente humana puede ser traicionera y si nunca te planteaste las cosas malas que te pasaron en tu vida, justo te lo vas a plantear el día de tu natalicio. No, no puede ser otro día, tiene que ser ese… porque sino el cumpleaños sería el día perfecto, y eso podría alterar el curso de la humanidad. Entonces si durante tu vida se te murieron todas las mascotas, tu viejo se quedó sin trabajo y es cartonero, tu vieja es prostituta y drogadicta, tu hermano quedó hemipléjico y vos siempre fuiste una persona que ve el lado bueno de las cosas, basta con que te partas una uña tres minutos después de soplar las velitas, para que llegues a la conclusión de que sos la criatura más desafortunada de la Tierra -¿¿¿Cómo se me va a partir hoy la uña, si es mi día???- gritas entre sollozos con un cacho de merengue en la comisura de los labios y el maquillaje corrido. Y el sabio contesta: “Si venimos al mundo para sufrir… ¿porque vamos a festejar la llegada a él?”.Que mala onda este sabio, pero bueno, alguna vez tiene que coincidir tu fecha de nacimiento con un día color de rosa ¿no?
Volvamos al asunto de la canción. Habíamos dicho al principio que pone como un hecho irrefutable que hay que ser feliz en el día de uno, sin embargo se le puede dar otra lectura.
Según registros prehistóricos el verdadero génesis de la melodía viene del paleolítico, cuando los cavernícolas creían que deseándole muchas muchas muchas veces al cumpleañero que la pase bien, iban a lograr sacarse de encima hechos comunes a la época que le sucedían al homenajeado durante la jornada: Aplastamientos por mamuts, incendios de cuevas, cuerneadas, (Digo literal, cuerneadas de búfalos) etc.
Así que ya está, saquémonos las presiones y dejémonos llevar por la naturaleza. Si usted la pasa mal en su día, levante la cabeza y grite: LA PASÉ COMO LA MIERDA Y ESTOS REGALOS SON UNA PORQUERÍA. Verá lo bien que se siente.

3 Acotaciones:

Anonymous silvi tiene la palabra:

hola bel!!!
bueno, no se si alguna vez te lo dije, pero para mi sos una excelente escritora.
a ver cuando me venis a visitar nuevamente y giramos por la gran ciudad, dale?
buenisimo tu blog
t.q.m
Silvi

16/8/05 10:24 p. m.  
Anonymous Anónimo tiene la palabra:

hola yo quisiera saber çla pagina para entrar o si es esta`para ver fotos de desbordadas..........las admiro muchisimo

20/9/06 7:11 p. m.  
Anonymous Roberto tiene la palabra:

Muchacha:
pero ¿Tu sabes dónde queda Moldavia?

8/11/06 9:52 a. m.  

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