jueves, junio 28, 2007

ACTO DEL 20 DE JUNIO: Un palco muy lejano

ACLARACION: Dejaré de lado el chiste fácil, dejaré por un segundo la macanería, dejaré también esa manía de reirme. Este es un trabajo que hice para la facu, que quería compartir con vosotros y me frega. Ahí te va

Acreditarse para el desfile del 20 de junio resultó un impedimento para hablar con el presidente de la Nación Néstor Kirchner. El lugar reservado a los trabajadores de prensa estaba distante del palco donde casi todo el gabinete se encontraba ubicado, primera dama incluida, y desde el cual nadie se vio dispuesto a bajar.
Fue así como los alrededor de 25 periodistas que allí se encontraban, con sus respectivos carnets, no recibieron respuestas a las tantas preguntas que tenían preparadas. También se vio obstaculizado el trabajo de los fotógrafos, quienes tuvieron que recurrir a sus aparatos más caros y poderosos para alcanzar la imagen de la pareja que completa Cristina Kirchner, cuyo impecable tapado rosa dejó de serlo gracias a las necesidades de una paloma.



Lo cierto es que el presidente sí habló, pero a nadie que pudiese divulgar lo que dijo.
Una chica de 15 años de zona norte logró llegar al palco y las explicaciones de cómo lo hizo saltaron a la vista. Florencia había elegido un atuendo peculiar y poco improvisado: una remera con la foto de la primera dama y Agustín Rossi, en la que se podía leer "Cristina 2007". El segundo aludido miraba desde un lugar lejano al centro del palco, pegado al diputado Hermes Binner, como si desde allí mirase a sus posibilidades de ser el candidato K de Santa Fe en octubre.
La segunda gran visita fue la de una señora de la colectividad de Libia. La mujer de notables rasgos árabes tuvo gritos más efectivos que los de quien les habla. Al primer “¡Señor Presidente!” el secretario personal del mismo ya había bajado del dichoso palco para hablar personalmente con la señora, que lo que quería eran los pasajes de retorno para sus tres nietos libios. Desde adentro del corralito de prensa, los acreditados se preguntaban: “¿Será mucho pedir una declaración?”.



El inicio del fin para los periodistas fue la llegada de los ambientalistas, festejada por los movileros quienes al fin encontraban algo jugoso para contar en sus salidas radiales. Doscientos entrerrianos se acercaron al lugar con una embajadora que no resultó orginal, aunque sí pintoresca: la nueva reina de los carnavales de Gualeguaychú, Paola Monzón, sucesora de la ya famosa Evangelina Carrozo.
Un presidente a pura sonrisa recibió a los asambleístas, que le hicieron llegar no sólo banderas blanquicelestes con el "Fuera Botnia, viva la Patria", sino también a muchas inocentes criaturas menores de tres años que nada sabían de lo que sucedía ni porqué ese señor los besaba.
Momentos después el presidente hizo lo ya considerado imposible: se bajó del palco.
Los grabadores estaban prontos y las preguntas salían de todos los ángulos. “Señor Presidente, nos preocupa la crisis energética”, “Señor Presidente, ¿cómo lo recibe Rosario?”, “Señor Presidente, ¿qué anuncios tiene para la ciudad?”. Del otro lado sólo silencio. La respuesta a por qué se bajó de su casi inalcanzable posición fue contestada cuando Néstor Kirchner saltó la valla e ingresó al corralito de prensa. Pero no lo hizo solo, ya que con el mandatario se metieron tres guardias personales, cinco efectivos de la Guardia Urbana y una veintena de civiles. Los carnets de prensa terminaron de perder su validez, como también la paciencia de los trabajadores, que recibieron empujones y algún que otro disimulado golpe porque, después de todo, estamos en democracia.
Lo cierto es que la visita presidencial al acto del 20 de junio dejó más preguntas que respuestas.

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